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Complicada situación del sector textil

El sector textil había empezado a recuperarse en marzo y llegó la pandemia. Cayó casi un 30 por ciento ese mes y se frenó. En qué punto está hoy.

“Fue como frenar de golpe a 100 km por hora”. Esa es la imagen que utiliza Jorge Sorabilla, director de TN&Platex y vicepresidente de la Fundación Pro Tejer, para describir la situación del sector textil. Y a pesar de que desde la Fundación confirman que el sector llevaba más de cuatro años en baja, lo cierto es que la pandemia global cayó justo en el momento en que la curva textil empezaba a revertir su tendencia. “Marzo era el primer mes testigo más importante del sector, se volvía de las vacaciones y es cuando tenemos un consumo fuerte por la temporada de invierno.

De hecho, los primeros 19 días del mes venían excelentes”, confirma Sorabilla, quien contrasta esta situación con lo ocurrido, por ejemplo, entre octubre de 2018 y abril de 2019. “El nivel de actividad nos hizo recordar a 2002, tuvimos meses en los que la capacidad instalada estaba por debajo del 50 por ciento”, afirma.

El freno que significó la crisis del Covid-19 hizo que, según el Boletín económico de la cadena textil que elaboró la Fundación, el nivel de actividad cayera un 30 por ciento interanual en marzo, mes en el que la cuarentena solo abarcó 10 días. En tanto, el rubro considerado como “prendas de vestir, cuero y calzado” descendió un 37,9 por ciento interanual y el de hilados de algodón un 38,5 por ciento. “Frente a lo mojado, llovido. Muchas empresas se cayeron, igual que la actividad y la cantidad de trabajadores activos”, confirma Sorabilla. A partir de abril, las fábricas en ciudades de menos de 500.000 habitantes empezaron a conseguir habilitación para volver a fabricar.

En mayo, se sumaron las habilitaciones en el AMBA. Pero más del 70 por ciento de la producción depende del consumo en el área metropolitana, donde los comercios recién volvían a abrir en Capital Federal.

Ricardo Fernández Mora, director Comercial de la marca John Foos, coincide con el panorama que se vivía a principios de marzo. “Luego de dos años complejos recuperamos terreno y estábamos creciendo en niveles de producción y ventas”, relata. La empresa adhirió al programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP), que implica el pago de un porcentaje de todos los salarios de los empleados. Por otro lado, Fernández Mora también resalta un importante incremento en los costos entre los que destaca el impacto inflacionario y la variación del tipo de cambio que afecta el valor de las materias primas, como el caucho.

Alejandro López, gerente Comercial de la marca de ropa y accesorios para bebés Carestino –que creció un 30 por ciento en unidades en 2019 y tenía expectativas de superar esa marca en 2020– admite que el plan de negocios cambió y esperan un 2020 complicado en cuanto a la situación económica y social. “La operación cambió de forma rotunda, nuestras tiendas permanecen cerradas y esto hace que el flujo de consultas pase por el ecommerce”, afirma.

Desde Pro Tejer informan que el flujo de ventas vía ecommerce es “marginal”. “En las empresas que tienen locales a la calle o en shoppings la venta online puede representar no más del 10 por ciento de su nivel de actividad. El problema ahora, además de que el consumidor no está acostumbrado a la modalidad, es que está siendo más conservador con el consumo”, aclara Sorabilla. En el mediano plazo, el sector apuesta a una reactivación desde el interior, aunque lenta, dado su peso frente al AMBA.

 

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