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Economía circular y textiles: planificando la sostenibilidad después de la COVID19

La Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa (UNECE) en su informe de 2018 ya señalaba cómo el sector textil es responsable del 20% de las aguas residuales contaminadas del planeta, del 10% de las emisiones y generaba más de 21 millones de toneladas de residuos anuales. Es un sector imprescindible, con aplicaciones en numerosos sectores, desde la automoción, hogar, moda o tejidos para equipos de protección como epis frente a riesgos biológicos. Si bien existen retos en términos de desarrollo sostenible a lo largo de toda su cadena de valor, es justo ahora un momento extraordinario para innovar y generar soluciones adaptadas a la nueva normalidad en la que viviremos y es clave como consumidores discernir y positivizar a productores que trabajen con criterios de sostenibilidad.

Las materias primas más utilizadas en el sector textil son las sintéticas (poliéster, poliamida y acrílicos) que son las que en general plantean mayores problemas en términos de microplásticos que se desprenden tras cada lavado. El algodón es la segunda materia prima más usada, con un intenso consumo de agua, fitosanitarios y fertilizantes y la huella ambiental derivada de cambios de uso de suelo que conlleva su cultivo. Solo el algodón representa el 3% del total de tierras cultivadas en el planeta, ocupando zonas que en su día tenían un alto valor ecológico.

La transformación de estas materias primas también conlleva un intenso uso de energía y agua, y una huella ambiental en términos de transporte y empaquetado. Por este motivo, han sido cada vez más las iniciativas que intentan tener un mayor conocimiento de toda la cadena de suministro del textil desde la materia prima, al diseño y la producción, teniendo en cuenta los límites sociales y ambientales e intentando trabajar por una mayor durabilidad de los productos.

La economía circular plantea innovaciones fundamentales para la sostenibilidad de la industria textil, desde unidades productivas que usen material reciclado y que fomenten la inclusión social, a industrias con criterios de no uso de químicos peligrosos o residuos cero a uso de energía renovable.

La COVID19 irrumpe este año planteando muchos retos en la sostenibilidad de todos los sectores, pero especialmente en el sector textil. Las mascarillas, batas y otro material sanitario comienza a ser fabricado para uno o pocos usos y con urgencia haciendo complicado trazar o responder a criterios de sostenibilidad en la cadena de valor. Si nos acercamos a la materia prima vemos que en muchas ocasiones nos encontramos con materiales complejos que dificultan mucho la reciclabilidad y que, en muchos casos tienen alto impacto debido a la poca vida útil del producto.

Sin embargo, sí que existen soluciones e innovación probada en el sector textil que nosotros como consumidores y como decisores en las empresas e instituciones a las que pertenecemos, podemos considerar como claves:

  • Uso de materiales de más de un uso y con acabados que los hagan durables y reusables con criterios claros de cuidado y que tenga probada la validez para su uso.
  • Uso de tejidos de un solo material, para facilitar su reciclabilidad.
  • Uso de materias primas circulares, extraídas de recursos renovables o residuos (mediante el upcycling) o de bajo impacto, tejidos de origen natural o artificial celulósico, que no utilicen fertilizantes, fitosanitarios o riego para su cosecha y que aseguren una fabricación sin riesgos de vertidos, uso de químicos peligrosos o despilfarro energético y que no pongan en peligro ecosistemas de interés especialmente puntos calientes de la biodiversidad con cambios de uso del suelo.
  • Garantía de buen salario y condiciones de vida digna para las personas que trabajan a lo largo de toda la cadena productiva del textil y que esta actividad además sea capaz de cohesionar territorios y bienestar.
  • Rechazar materiales sintéticos que tengan alta probabilidad de soltar microplásticos y potenciar el uso de variedades vegetales locales, sistemas agroforestales y ecosistemas diversos, en lugar de monocultivos.
  • En caso de usar materiales sintéticos, priorizar aquellos que provienen de reciclado, disminuyendo al máximo sus lavados, más aún en agua caliente.
  • Diseño del producto, desde la material prima, con criterios de circularidad y reciclabilidad, con un conocimiento completo de toda la cadena de producción y suministro.
  • Transparencia y comunicación en el etiquetado de toda la información de producción, transporte y residuos prevista, para que las decisiones de compra se realicen de manera consciente.
  • Discriminación positiva hacia proveedores más responsables en términos sociales y ambientales.
  • Desarrollo de I+D con proveedores para rebajar la huella de producto, y contratos a largo plazo con los proveedores que fomenten inversiones estables.

Sólo con criterios de sostenibilidad podemos construir un mundo más humano, más resiliente, con más oportunidades y preparado para afrontar retos futuros como el cambio climático. La tendencia de la sostenibilidad tiene que ser una moda no pasajera, definida con criterios claros y que los diferentes actores del sector debemos de hacer propios los límites planetarios y los ODS para nuestra toma de decisiones fomentando un sector textil generador de soluciones para retos ambientales y sociales.

Fuente: David Allo para Observatorio La Rabola

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