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La diferenciación es la clave

 

 

 

 

 

 

 

 

Desde la pasarela del MBFW Madrid Juan Vidal propone un juego que muestra el poder transformador de la mirada. Los que no lo conocen pueden descubrir en su colección el uso de la impresión digital al servicio de la moda en su mayor exponente. No es una estampa repetida, es un diseño para cada prenda en especial.
Y para quienes siguen su trayectoria saben algunas cosas: que siempre se ha volcado en moda femenina, que siempre ha colocado a la mujer en el centro, perdón, a las mujeres, porque en sus colecciones, lejos de estereotipar, ha reflejado sus pluralidades. Por eso, cuando muchos diseñadores internacionales prefieren obviar la sexualidad femenina en sus propuestas o, directamente, la condenan apostando por un revisado puritanismo (una de las tendencias del otoño es, precisamente, el imaginario estético de la época victoriana), Juan Vidal elige a Lulú, la protagonista del revolucionario libro Las edades de Lulú (Almudena Grandes, 1989).

Aunque la mayor parte de las propuestas se reducen al blanco y negro, hay prints, algunos de este binomio cromático –como los collages de labios femeninos– y, otros, de aquellos zooms a esculturas clásicas de desnudos a los que aludía el diseñador. Pero, como acostumbra, está todo lo anterior en un ejercicio sutil: donde crees que ves un vestido negro con zonas más veladas que otras, es, en realidad, un encaje diferente, con los hilos que simulan «el rastro que deja un beso». Otros vestidos se han trabajado como si fueran camisones «pero de manera totalmente diferente a como debería ser: se tapa lo que no se tiene que tapar y se muestra lo que no se tiene que mostrar». Y, como él mismo expresa, «para darle más simbolismo, hay prendas que dejan a la vista las costuras y han sido tanto confeccionadas del derecho como del revés, algunas por partes y otras en su totalidad», pasa, entonces, a señalar una falda tubo blanca que muestra su estructura interna.

En contraste, recupera la forma globo, basándose en la reinterpretación de los miriñaques que habitualmente se ocultaban bajo las faldas, «son siluetas del pasado que he trabajado en tejidos artificiales y técnicos con detalles deportivos», del mismo modo que presenta varias propuestas abiertamente sport, chándal (sí, con tacones) incluido. «Todo puede convivir en la misma colección», defiende, y pasa a mostrar la nueva joya de la corona: por primera vez, Juan Vidal incorpora tejanos, pero en estos, la cintura se convierte en un liguero. «Es el primer look que sale a pasarela, un verdadero statement. Lo llamo El 7 de corazones, porque en las siete cremalleras, que hemos construido nosotros mismos, hay corazones, un icono del que me he hecho dueño y señor por el amor que tengo a esta profesión, a las mujeres y a la ropa». De esta forma son los pendientes de strass, una continuación de los de la anterior temporada, en cristal, y ahora adoptan el blanco, negro y rojo con un toque rosa, los colores de la colección». También hay corazones, y también hay una segunda parte, en los zapatos, fruto de su colaboración con Magrit, y son transparentes, en línea con el concepto de la colección.

Fuente: www.vogue.es

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