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“La ropa de invierno la vamos a vender en 2021”

¿Mucho o poco movimiento? Diría que algo. Nosotros estamos abriendo básicamente para limpiar, airear y sacar lo que nos quedó de ropa: lo último que estaba en liquidación del verano pasado. Porque en marzo, cuando cerramos, estábamos vendiendo lo poco que nos quedaba. La semana que viene traeremos la nueva temporada de pijamas de verano y lencería. Alcanzamos a producir algo de invierno, pero quedará para 2021″, cuenta Elisa, encargada de un pequeño local de lencería en la avenida Avellaneda al 3500, en Flores. El centro comercial volvió a funcionar tras cinco meses de comenzada la cuarentena por el coronavirus.

El local está adentro de una galería, en donde está lleno de negocios pequeños. Al ingresar, una persona coloca alcohol en las manos. Pero aquí solo hay dos locales abiertos. “La gente va a empezar a abrir de a poco. Varios nos avisaron que la semana que viene. Muchos tienen clientes de años, así que estuvieron vendiendo online. Igual que con los clientes del interior”, contaron en la galería.

En la avenida Avellaneda los negocios pudieron volver a trabajar este viernes desde las 11. Es el último gran centro comercial de la Ciudad al que le faltaba funcionar en medio de la cuarentena por el coronavirus. Y es uno bien particular, ya que atrae a minoristas de todo el país y, por otro lado, es uno de los espacios de la Ciudad con mayor cantidad de manteros, aunque este viernes no se vieron.

La de los compradores del interior es una de las imágenes que falta en el barrio: no hay micros y combis .

En el centro comercial de la avenida Avellaneda, en Flores, también hay varias galerías con locales chicos.  Foto: Germán García Adrasti

En el centro comercial de la avenida Avellaneda, en Flores, también hay varias galerías con locales chicos. Foto: Germán García Adrasti

Pese a la habilitación, una gran cantidad de locales continuaron con las puertas cerradas y stickers enormes pegados en las cortinas, en donde difunden teléfonos y redes sociales para que los clientes los ubiquen.

En “Finger Cross”, dos empleados cuentan a Clarín que, como muchos otros empleados de empresas grandes y pequeñas, cobraron sus sueldos a través del ATP. “Se pudo seguir trabajando con los clientes, a través de redes sociales, Whatsapp y los envíos. El problema es que la venta bajó mucho porque hay muchos clientes ocasionales, los que pasan y compran espontáneamente”, dijeron.

En el local venden remeras con estampados con motivos retro y de series y películas de culto, como Volver al futuro. “Si bien los estampados se renuevan todo el tiempo, por suerte las remeras de manga corta se usan todo el año”, dicen aliviados.

Los locales comerciales de la avenida Avellaneda, en Flores, reabrieron este viernes tras cinco meses cerrados por la cuarentena. Foto: Germán García Adrasti

Los locales comerciales de la avenida Avellaneda, en Flores, reabrieron este viernes tras cinco meses cerrados por la cuarentena. Foto: Germán García Adrasti

El despliegue policial evitó que se instalaran manteros en las veredas. Solo se vieron por las calles laterales, algunas mujeres vendiendo viandas de comida a los trabajadores.

El fenómeno de las persianas bajas parece haber llegado para quedarse. En los comercios que eligieron no abrir pese a la habilitación, los clientes pasaban a retirar los pedidos. “Soy revendedora de jeans. Pude trabajar a través del Whatsapp y redes sociales. Antes me mandaban los bultos con una moto o incluso en taxi. Pero ahora prefiero venir yo y de paso ver qué otros locales están abiertos”, contó Jessica, frente al local Ilumina Denim. «¿Lo que más está vendiendo durante la cuarentena? Un modelo estilo babucha, tipo jogging, de un jean muy liviano», agrega.

En el local Yantra, de Avellaneda al 3300, decidieron adaptarse para atraer clientes: ahora venden un mínimo de dos remeras, mientras que antes del 20 de marzo el mínimo era de 4. “Aún tenemos mucha mercadería de invierno, con precios rebajados no solo porque cambia la temporada; esperamos vender lo máximo posible. El remanente lo guardaremos para el invierno q viene”, contó la encargada. El local luce como nuevo: “Lo es. Estuvimos muchos años a metros de Nazca. Y nos mudamos en los primeros días de marzo”, se lamentan. Pero esperan que la avenida vaya recuperando clientes con el paso de los días.

Según datos de los comerciantes de la zona, los que no pudieron resistir la pandemia son el 30 por ciento. Por ahora, las persianas bajas se notan poco, porque están distribuidas en varias de las cuadras de la avenida, debido a que el centro comercial se despliega por más de diez cuadras. 

«Los manteros se ven en las calles paralelas, como Bogotá», pero hubo varios operativos para que no se instalen, dice un comerciante. Por eso, desde temprano se vio un fuerte operativo de las fuerzas de seguridad, destinado a evitar que se instalen vendedores ambulantes, como ocurrió en Once el miércoles, donde el operativo terminó con tres detenidos.

Hay cuadras, sobre Avellaneda y las calles perpendiculares y paralelas, con más de 30 locales en cien metros. Muchos no tienen las dimensiones para permitir el ingreso de los clientes, así que proliferan los mostradores casi en la vereda, con vendedores que atienden detrás de máscaras plásticas que se empañan al hablar.

La gran mayoría usa tapaboca. En todos hay alcohol en gel. Y algunos hasta se animan a las alfombras y tótems sanitizantes.

Fuente Clarin

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